Corresponsalía en Venezuela de la Agencia de Noticias Abya Yala

jueves, 13 de marzo de 2008

Hacia la asamblea nacional de movimientos populares

(Documento enviado por el Camarada Ronald Denis)

La situación que hoy vivimos apunta sin duda a una profunda radicalización tanto del conflicto interno como del conflicto externo que vivimos desde suelo venezolano. La revolución bolivariana pasa por un momento clave donde vemos como empiezan a emerger de nuevo y en forma autónoma las voluntades originarias que le dieron vida: los movimientos comunales, obreros, campesinos, estudiantiles, comunicacionales, culturales, militares, sus redes, sus fragmentaciones interiores, y por supuesto, aquellos colectivos que sin ningún complejo asumen de lleno el cometido revolucionario como su principal propósito. Emergen sencillamente porque el vacío estruendoso de dirección colectiva y revolucionaria obliga al ser ético, al ser político, que se ha criado en todos estos largos años insurgentes, desde el 27 de febrero para acá, a sacar la cabeza con toda firmeza en función de la emancipación deseada y que no estamos dispuestos a perder ni en lo conquistado ni en lo esperanzado, sean imperios, oligarcas, o míseros burócratas los que pretendan socavar nuestro apetito revolucionario. Es necesario sacar cabeza porque de manera muy curiosa mientras algunos pretenden encerrar la épica de este proceso en un asunto a administrar por magnos directores políticos y de estado impuestos desde arriba, y en algún momento parecía que lo iban a lograr, no obstante, hay un pueblo obstinado, que quiere hacer SU revolución. No sabemos exactamente cómo, porque esa es la tarea creativa y heroica de orden colectivo que no podemos prescribir, pero ese pueblo vemos que insiste reafirmando que no quiere ser gobernado quiere gobernar él, junto a los suyos obviamente, en donde esta, y muy está, usted presidente. Y no se equivoque en eso camarada, sobretodo a la hora de ver donde esta el enemigo y el amigo, mire que la CIA esta mucho mas cerca de los palacios que de la calle (lea el balance del mismo Altamirano antiguo secretario del PS en tiempos de Allende, sobre la revolución chilena, que seguro le ayudará a ver mejor nuestro presente). Y es por eso, que por muy a la derecha que quieran irse muchos estratos de gobierno, compañer@s, camarada presidente, verificamos que no hay manera que esta revolución se vaya a la derecha, a la conciliación, a la rendición, contando con la pasividad colectiva; de ser así sería nuestra derrota definitiva, el fin propiamente de la revolución. Eso no lo vamos a permitir sin respuesta, la ley insurrecta del 27 de febrero, la razón de todos en esta revolución, no nos da permiso para dar ese paso. Los hechos que se han suscitado estos días a raíz de la incursión genocida del ejército colombiano en tierra ecuatoriana, y la reacción que ha generado la respuesta categórica del presidente Chávez, es una manera de demostrarnos a todos, fuera y dentro del gobierno, que en la izquierda estamos a pesar de muchos, y por los pasillos de gobierno, de demasiados.

Sabemos de todas formas que la crisis del presente es la crisis de una revolución que necesita desesperadamente de definiciones claras y de una obra política que le termine de dar la fuerza y el poder que necesita. Hoy más que nunca, como bien lo dijo Mao, la política pasa al mando, y nosotros como Asamblea Popular Revolucionaria, como lugar de encuentro y coordinación de todo luchad@r que quiera aportar a este cometido, estamos decididos a aportar un grano de arena en función de ello. De que la voluntad popular organizada de cualquier forma y manera se dote de una política propia, hecho que de lograrse le dará su propio poder. No pensamos que el poder esta en la cantidad de cargos representativos y burocráticos que se tienen o conquisten. En la competencia por ellos no estamos interesados, pesamos que está en la fuerza de una política y esa política tenemos que crearla, desde abajo y desde la izquierda. Después de haber logrado sacar a la calle la hermosa marcha del 27 de febrero, oír toda la polifonía de voces y movimientos en ella, calarnos la deliberada invisibilización que se hizo de ella, y toda la cantidad de saboteos que a todo nivel se hicieron contra ella, y sin embargo probarnos vivos y serenos, consideramos que el camino hacia una asamblea nacional donde colectivos y movimientos de trabajadores, dirigentes sociales, estudiantes, campesinos, etc, organizados como movimiento popular, está abierto. Se abre entonces el camino para la creación de ese marco político, estratégico, metodológico, común que necesitamos.

¿Cómo lo hacemos? Primero constatemos las tensiones no se pueden borrar ni esconder. Ellas están allí fruto de la misma lucha de clases que vivimos al interno del proceso revolucionario y de la confrontación entre el pensar-hacer emancipativo de esta revolución y su contraparte burocrática y reaccionaria. En estos días el conflicto que nuevamente se desata desde Sidor nos deja muy claro hasta que punto la relación entre la clase trabajadora y el gobierno viene tomando ribetes cada vez mas antagónicos, convertido el ministerio del trabajo en una nueva oficina patronal donde apenas subsisten algunas almas que insisten en transformarlo en una ventana a favor de la liberación del trabajo, aunque bien arrinconadas. Se ha satanizado la autonomía sindical, como también se sataniza la autonomía popular hasta llegar a toda forma de autonomía de clase cuando ella asoma cabeza. La propia circunstancia de la marcha del 27 fue una excusa para comenzar esta campaña. Si examinamos lo que viene pasando con en innumerables reductos de PDVSA y las empresas básicas, en los organismos de salud, vivienda y alimentación, de tribunales y fiscalías, igual estaremos en presencia de un antiautonomismo e incluso de un anticomunismo militante, muy sencillo de observar y demostrar. Se trata de toda una raza de funcionarios, de tecnócratas, de jueces, de profesionales, de representantes, que han hecho suya la línea del silencio, de la ausencia total de polémica y debate, del abrir paso a las expresiones orgánicas independientes, a las estéticas o propagandísticas que apunten a algo más que la simple repetición de la palabra institucionalizada. Lo hacen al interno de sus castillos gubernamentales pero aún así quieren que todo el espacio revolucionario autoorganizado tenga el mismo comportamiento. De esa forma quieren quitarle a este proceso toda cualidad auténticamente crítica y popular, toda condición auténticamente liberadora. Y para colmo es a nosotros a quien se nos pide disciplina, ¡ah carajo, pero porque no se le pide disciplina y lealtad revolucionaria a estos monumentales señores que en ninguna lucha están, ni ninguna cuenta rinden!.

Sin embargo, hemos dicho en esta asamblea que no nos vamos a parar en semejantes lagunas que en cierta medida son hijas de la misma naturaleza y complejidad de la historia que vivimos. Nada que ver con nosotros búsquedas divisionistas o de ese ultrismo desesperado e inútil. Tampoco le vamos a hacer el juego a los insultos y desprecios mediáticos, miren que ya hubo épocas en la cosa era bastante peor y aún así sobrevivimos. Lo único que reiteramos es que no nos identificamos con ninguna derecha llámese López o Diosdao. Pero más allá aún, nada que ver con nosotros el sacar leyes históricas inviolables a partir de las mismas realidades estructurales. Nos interesa en ese sentido la producción de política y no el conocimiento universal de las leyes del mundo que nos permitan justificar toda la cantidad de bloqueos y límites que el poder constituido una y otra vez impone a los actos justicieros y libertarios que se abren paso desde la base popular.

Terminamos entonces esta parte con un tema que el propio presidente introdujo y que es a nuestra consideración el punto central del debate revolucionario en nuestro país: la relación contradictoria entre el poder constituido y el poder constituyente. Según las palabras del presidente esa contradicción terminó con la misma cuarta república, formalmente perimida con la constitución del 99. A nuestro parecer continúa y en los últimos tiempos se acrecienta en la medida misma en que la excrescencia burocrática del estado se cristaliza alrededor de mafias político-económicas que se apoderan de la dinámica pública institucional. Se ha dicho que entonces no somos más que una parranda de anarquistas. Por estos lados lo de "anarquista" no es insulto para nadie, hermosa ha sido la herencia que los grandes movimientos anarquistas dejaron a la revolución mundial, y de hecho no faltan entre nosotros quienes asumen sin problema esa identidad ideológica. Sin embargo, no son anarquistas las corrientes históricas que han dejado su espectro espiritual sobre el espacio diverso del movimiento popular en Venezuela. Libertarias y clasistas, eso si es muy probable, y más allá aún, leales a la verdad insurrecta y antisistema del 27 de febrero. Por ello es nuestro papel ayudar a hacer todo lo posible por invertir la relación de mando-obediencia entre el estado y el espacio del poder popular, social, obrero que viene formándose poco a poco; alma de la propia revolución bolivariana. El poder constituido existe como un hecho de facto producto de la misma estructuración capitalista de la sociedad; mas allá de las voluntades y los sueños individuales presentes en sus direcciones, ese poder está allí para gerenciar en lo económico, lo político, lo cultural esta realidad estructural, y no hay teoría que haya demostrado lo contrario. La democracia socialista que teóricamente todos estamos empeñados en construir debe debilitar todo lo posible ese poder y construir una política hecha de los comunes, producto de lo que ellos-nosotros seamos capaces de producir en este terreno tan complejo. El hacerlo supone el desarrollo de todo un universo de iniciativas constituyentes, cuya inspiración puede venir del presidente en tanto líder revolucionario o de cualquier espacio de dirección colectiva, eso es aleatorio no obligatorio, pero el hacerlo y el pensarlo a fondo eso si debe ser tarea de un movimiento popular capaz de superarse a sí mismo y de dar los saltos cualitativos que aún no ha podido dar. Por ello, a partir de la asamblea del 19 y 20 de enero de movimientos populares, se vio con toda claridad que indistintamente de la participación de muchas corrientes y hasta de militantes del PSUV y otros partidos del proceso, se necesita de una síntesis orgánica de movimientos que se ponga a distancia del estado y fuera del ámbito tanto de la representación política como de los partidos mismos. Hacerlo es fundamental al proceso de lo contrario ese antagonismo entre el poder constituido y el poder constituyente (sin política y por tanto inexistente en los hechos) no nos va a traer otra cosa mas que rabias y frustraciones y a la final la destrucción misma de la creatividad revolucionaria indispensable.

Pasamos entonces al hecho concreto del proceso asambleario que tenemos por delante. Necesitamos de una dinámica nacional que permita facilitar la efectiva realización de una primera asamblea nacional planteada para el mes de abril. Necesitamos poner en claro quienes están dispuestos a colaborar en esta dinámica para lo cual no contamos sino con nuestros propios recursos. Necesitamos igualmente saber cuales son los aspectos fundamentales de lucha sobre los cuales nos vamos a centrar. Sabemos del gran problema de abastecimiento, del bloqueo que se hace a la revolución agraria, del problema de la inflación, de la violación a los derechos laborales, la invasión transnacional en nuestro propio país, la persistencia de los esquemas desarrollistas de acumulación, el saqueo de las ciudades, la corrupción, la defensa nacional, el saboteo capitalista, la conspiración, etc. Pero nada hacemos con recordarlos o extremar las exigencias simplemente, necesitamos de un discurso eminentemente político que nos permita establecer una estrategia común en función de darle cabida a la exigencia universal y de todos: queremos gobernar, queremos garantizar control social sobre lo común, sobre lo territorial, sobre lo productivo y distributivo, sobre lo comunicacional y formativo. Queremos gobernar desde fuera del estado capitalista para enfrentar todo este conglomerado de problemas desde una perspectiva radicalmente revolucionaria y antiburocrática. Y es precisamente en este punto donde debemos aclarar definitivamente cómo estableceremos las relaciones necesarias con el gobierno, cómo revertimos estratégicamente las relaciones de mando y obediencia y cuáles son los principios que seguiremos en ese sentido. Por último, si de construir una política común se trata, necesitamos caracterizar muy bien el espacio de la asamblea, necesitamos de un compromiso y una disciplina conjunta indistintamente de la autonomía de cada una de las expresiones orgánicas presentes en ella… no hay pueblo vencido, no queremos ser gobernados-queremos gobernar.

Roland Denis